jueves, 6 de septiembre de 2018

LA HISTORIA NOS SIRVE PARA CAMBIAR EL PARADIGMA.


Si vemos un poco la historia, el barrio obrero, por ejemplo, construido alrededor de la fábrica en algunos lugares, demuestra cómo el espacio social está organizado según las necesidades del centro de trabajo; en la escuela, cuyo nombre es el del patrón, los niños son educados para ser obreros, el campo deportivo indica qué diversión es buena, y la alarma gigantesca, que marca el inicio y el final de los turnos de trabajo, impone el ritmo de la fábrica adentro y afuera de ella.
El papel organizativo central del trabajo también se ve muy claramente al analizar la vida de los jornaleros agrícolas, que tienen que moverse de un lugar a otro dependiendo de las necesidades del ciclo de la agricultura comercial. Sus hogares, entonces, son las galeras de cada lugar donde trabajan; sus hijos no tienen ninguna posibilidad de ir a la escuela; hasta los precios de los productos básicos se mueven con ellos: cuando llegan a un lugar aumentan y cuando se van bajan.
El poder organizativo coercitivo del trabajo, en efecto, se establece a partir del momento en que ningún obrero puede planear un "proyecto de vida" sin tomar como punto de partida el tiempo y la energía que tienen que dedicar al trabajo.
El concepto adecuado parece ser el proceso de trabajo, que, por una parte, especifica la relación entre el trabajo, los instrumentos de trabajo y el objeto de trabajo, y por la otra, abre la posibilidad de estudiar el carácter histórico del trabajo.
Esto implica que el proceso laboral se desarrolla en medio de la lucha de clases, y que el dueño del capital se ve obligado a afinar las formas de control sobre los obreros; control que se ejerce por medio de la organización del proceso de trabajo en la fábrica y del tipo de tecnología utilizada.
El análisis de los tres elementos del proceso de trabajo —trabajo, instrumento y objeto— bajo una perspectiva doble permite la comprensión técnica y social de cualquier proceso de trabajo particular. El estudio del objeto de trabajo debe tomar en cuenta sus propiedades físicas, químicas y biológicas dado que pueden ser riesgos serios para la salud.
Los instrumentos, o los medios de trabajo, pueden ser analizados en términos de su sofisticación técnica y como la expresión de determinadas relaciones sociales. 
Como hemos mencionado, que la máquina determina el ritmo de trabajo y limita el poder relativo de decisión del obrero.
El primer hecho está relacionado con lo que parece ser el mayor riesgo ocupacional, el stress , y el segundo incrementa en ciertas condiciones la probabilidad de accidentarse.
Los incrementos, tanto en intensidad como en productividad, provocan situaciones de stress y de fatiga, causantes de cambios fisiológicos en el cuerpo que originan predisposiciones patológicas a corto y largo plazo. El desgaste del obrero será distinto y más relacionado a los efectos a largo plazo de estos fenómenos, que con los patrones de desgaste por "trabajo excesivo-consumo deficiente" típicos del productor de plusvalía absoluta. Ambas situaciones no se tenían en cuenta.
El análisis de estos elementos y del proceso de trabajo puede hacerse al nivel de la formación económica y social como totalidad, y al nivel de un proceso de trabajo particular, por ejemplo, en una fábrica. Parece necesario subrayar, una vez más, que la determinación social es igualmente real a nivel del centro de trabajo como a nivel de la sociedad. La incapacidad de entender este hecho ubica al trabajador de la salud ocupacional en la esfera técnica de la producción, ubicación que le causará serios problemas para avanzar. 
El paradigma está cambiando en las últimas décadas, se logra incluir a la salud mental como parte importante del bienestar de los trabajados, tal vez la más importante.
El siguiente video demuestra claramente el trabajo mecanizado, medido por tiempo y en el que solo importa la productividad, sin tener en cuenta el bienestar, la salud y los riesgos ocupacionales.

https://www.youtube.com/watch?v=IxBdWqSW7Jo&feature=youtu.be


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